La privacidad en Internet: de la discreción al tener algo que ocultar
Internet ha variado sustancialmente la percepción que tenemos sobre la gestión de la privacidad y ha dado lugar a una ‘simpática’ paradoja entre el mundo offline y el online. El que antes era indiscreto y/o un plasta ahora es el Rey de Facebook y tiene 1.562 amigos. Todo un triunfador. El que, por otra parte, no tiene ninguna intención de compartir las fotos de sus vacaciones en Mallorca… tiene algo que ocultar.
Recurramos a los clásicos, que nunca fallan. Caso típico: Pepe, el compañero de trabajo que insiste en enseñarte (y comentarte) las 359 fotos de sus vacaciones, es un pesado. Y en función de la confianza que tengas con él y del contenido de las instantáneas puede llegar a ser un indiscreto. Sin embargo, todo cambia cuando se trata de redes sociales. Porque si Pepe se va de vacaciones y no cuelga ni una sola foto en Facebook empezamos a pensar, repensar y sospechar… ¡OMG, PEPE OCULTA ALGO!
Algún oscuro secreto fruto de un delito, probablemente (aquí entra en juego la muy española filosofía del “piensa mal y acertarás” que en Internet se multiplica exponencialmente).
La respuesta a la pregunta “¿qué comparto y con quién lo comparto?” antes estaba más que clara, porque sólo había que analizar la situación, seguir unas normas sociales básicas y dejarte guiar por el sentido común. Ahora todo es mucho más complicado. Ahora tenemos que medir qué compartimos y con quién porque incide directamente sobre nuestra reputación digital. Y lo peor de todo es que tenemos que prever no sólo cambios en la imagen que proyectamos a corto plazo, si no a largo o muy largo plazo.
Quizá el equilibrio esté entre los dos extremos que representa con mucha gracia Mauro Entrialgos en esta viñeta:

No dejan de sorprendernos casos en los que un tipo no es contratado (cuando no es despedido directamente) por aquellas fotos que ni recordaba que había colgado en una red social hace tres años.
La gestión de la privacidad en Internet es cuestión de control de la información, pero el esfuerzo es mayúsculo. Si a veces no recordamos ni qué comimos ayer, ¿cómo nos vamos a acordar de qué puede ver quién en nuestro perfil en Facebook? En caso de que estemos dispuestos a mantener la coherencia entre lo que compartimos en diferentes canales, tenemos que lidiar con la percepción del personal. Y es que, como decía antes, mientras que en la vida offline valoramos la discreción como cualidad que acerca a nuestro congéneres a la virtud, en Internet nos molesta muchísimo.
¿Y tú? ¿Qué piensas de todo esto?
Sara Moreno
Ultima actualización (Lunes 21 de Diciembre de 2009 18:00)





